El poder curativo del calor

El calor generado por el propio cuerpo o el aplicado con fines terapéuticos procuran beneficios en muchos ámbitos.
Los vasos sanguíneos se contraen y luego se dilatan, lo que mejora el flujo de sangre y la nutrición celular.
Ayuda a eliminar sustancias tóxicas.
Mitiga las secreciones digestivas y, aplicado a nivel local, aumenta los movimientos intestinales.
A nivel muscular, relaja y ablanda músculos, tendones y cartílagos. Es antiespasmódico, aumenta la elasticidad y calma la fatiga.
Sobre la piel, aumenta su temperatura y provoca la llegada de sangre, además de la transpiración.
Reduce la sensibilidad al dolor de las terminaciones nerviosas, por lo que resulta sedante y analgésica.
Cuando está indicado
El calor está indicado en caso de estrés, insomnio, lesiones músculo esqueléticas, problemas circulatorios, enfermedades autoinmunes, cansancio crónico y fibromialgia.
El calor puede ayudar a superar rapidamente las afecciones leves comunes y a aliviar las molestias de enfermedades comunes.

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